Al final del artículo anterior, usando una construcción del andaluz, “entoabía ay má”, qué quiero decir, pues que el artículo no concluía y que me faltaba algún comentario más.
Las experiencias que se tradujeron en las dos reflexiones anteriores tienen un proceso, un proceso que ha venido haciéndose durante todo este tiempo cercano a estas fiestas pasadas y que quiero concluir con el presente post, porque están realcionados todos.
Como no me canso de decir, la base de toda nuestra conducta individual y colectiva está en la Educación, para mí, nos estamos educando y estamos educando a todo nuestro entorno durante toda nuestra vida y educar, en mi opinión, significa limitar, ceder, compartir, en definitiva, adaptarse en cada momento a las circunstancias. Con el fin de que la convivencia con nuestros semejantes, tanto individual como colectivamente, sea lo más armónica posible (Suave). Estoy convencido de que, aplicando estos principios, la Máxima Eficacia y la Colaboración Mutua, nuestra sociedad y nuestro mundo progresará de forma fructífera hacia un futuro mejor. 
La situación actual de crisis me lleva, en más de una ocasión, a ser pesimista sobre el camino que nuestra sociedad ha tomado y que la herencia que vamos a pasar a nuestros hijos es muy pobre, materialismo puro y deshumanización. Por tanto, es necesario, imprescindible, que, con tozudez y constancia, desde todos los ámbitos posibles, trabajemos todos en que nuestros referentes culturales y de valores no se pierdan ni se olviden. De aquí mi insistencia, sin miedo a pecar de pesado y “trasnochado”.
Y como creo que hay mucha gente que piensa como yo, me he permitido traer una pequeña conversación mantenida por E-mail con un profesor de mi hijo pequeño. Le he pedido permiso para publicarla, me lo ha dado, traigo aquí las cartas remitidas.
No voy a comentarlas porque las opiniones de esta persona son mucho más valiosas que la mía, sólo decir que, si bien, estoy convencido de que la crisis de valores empieza en la Escuela, aun queda esperanza porque hay muchos profesores, perdón, Maestros, que están luchando denodadamente para que esos valores que tenemos se trasmitan a nuestros chavales.
A todos ellos les dedico esta reflexión.
Todo empezó con el comentario que este profesor, de Cultura Clásica, dejó en el post sobre Mis Maestros:
Desde mi punto de vista, creo que está perfectamente descrito el concepto de “maestro”, pues magistrum (en latín) es la persona que nos sirve como referente en la vida, ya sea por sus conocimientos técnicos como por los valores personales que manifiesta en su quehacer diario. Opiniones, como las expresadas en su artículo, son necesarias que se hagan públicas, pues se echan de menos en la vida, porque también dignifican al que las expresa.
Un saludo
Luis.
Al cual siguieron los siguientes comentarios:
Estimado profesor:
Por mi hijo Alfonso Miguel he confirmado que es usted su profesor de Cultura Clásica. Habla con bastante frecuencia de usted y de sus clases y me da la impresión de que le está calando su enseñanza y eso me alegra. Me demuestra que, entre tanta oscura mediocridad entre la que navegamos, van quedando luces por las que se pueden orientar nuestros jóvenes.
Bueno, no me quiero extender, ni ponerme cursi. Sólo es agradecerle que se haya fijado en lo que escribo. Si ha podido leer alguna reflexión más, se dará cuenta de que mi obsesión es la Educación y, ya sea desde clases, desde la familia, o el ámbito profesional, el secreto del progreso, al menos para mí, está en la educación.
Y es la educación lo único que nos puede sacar de esta, para mí, larga noche de desierto que nuestra sociedad está sufriendo.
Me da mucha pena cómo, desde hace 30 años, nuestra sociedad ha sido conducida a un vacío de valores tal, que ha hecho de las generaciones que nos siguen una masa informe de individuos aborregados sin base ética, o moral, como lo queramos llamar, sin conocimiento y, sobre todo, sin recursos. Lo que los hace, en mi opinión, verdaderamente desgraciados.
Y este vaciamiento se ha originado, fundamentalmente, en los centros de enseñanza, empezando por la universidad y terminando por las escuelas.
Éste es para mi el origen esencial de la crisis que estamos viviendo, y éste es el auténtico legado y efecto del Progresismo. Y no hablo de partidos políticos, porque progres los hay en todos lados.
Desde mi experiencia personal, lo único que trato es de trasladar la idea de que nuestros valores éticos y nuestros referentes culturales son muy válidos y que, no tenemos por qué rechazarlos ni eliminarlos. Debemos conservarlos y, por supuesto, enriquecerlos.
Y para eso pongo de ejemplo el Judo, cuya esencia ética está en el Bushido, que no es un código militar, sino una toda una filosofía que impregna el sentir de una sociedad, en muchos aspectos, más avanzada que la nuestra, pero que ha sabido conservar sus valores culturales y educativos sin romper con su tradición. A pesar de que hubiera un intento de hacerlo al final del siglo XIX. Hablo de la sociedad japonesa. El ejemplo nos lo han dado con la respuesta que han dado, como sociedad, digo, al desastre del tsunami de hace un año.
Partiendo de una determinada forma de ejercicio físico, puede trasladarse a nuestra juventud, y a nosotros mismos, por qué no decirlo, todo un conjunto de valores y referencias que nos sirvan de guía en nuestras vidas, en todos los ámbitos.
Valores que, por otra parte, están presentes en nuestro inconsciente colectivo y que, si somos responsables, estamos obligados a revivir y despertar, de nuevo. Ésta es la mejor herencia que podemos legar a nuestros chavales.
Esta es mi constante en el blog, hablar de Educación, aunque sea de una forma tan torpe.
Espero no haberlo aburrido y quedo a su disposición.
De nuevo, gracias por haberse fijado en mis reflexiones.
PD: Como sé que lo que le escribo no va a caer en saco roto, cuando desee, si le parece interesante…PODEMOS HABLAR DE JUDO
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Ildefonso A. González Pérez
Y conluye, a parte de pedirle permiso de publicarlo, cosa que muy amablemente me concedió, de la siguiente manera:
Gracias por tomarse la molestia de ponerse a reflexionar sobre la idea de progreso, fundamentado en la ética. No es frecuente encontrar personas que se sienten a reflexionar sobre la incidencia que tienen los actos individuales en los hijos y ese acto es transcendente socialmente.
Gracias por comunicármelo y hacerme partícipe de ideas maduradas y basadas en la experiencia deductiva.
Como bien dice, y aquí me atrevo a decir también ‘según mi criterio’, educar es un camino difícil, pero constructivo. Victor Hugo nos ilustra con sentencias como ésta: “La inteligencia humana se elabora por irradiación, y paso a paso gana, conquista y humaniza la materia”. En mi caso y, si me lo permite, en ‘nuestro’ caso, esa materia tangible podemos sustituirla por “individuos/personas” y ahí nos encontramos con los valores de la educación. Etimológicamente ‘educación’ significa “llevar por un camino concreto” que, lógicamente, no es el natural, el que nace de los instintos, por eso debemos esforzarnos en modelarlo y esa responsabilidad la tenemos los adultos. Sin embargo, el fracaso es casi un acto connotado y hay que asumirlo, pero, cuando se hace con buenas intenciiones y con método positivo, buscando el bien común, podemos denominarlo como ‘error’ y de eso estamos los humanos sobrecargados, pero no somos reos a los que la sociedad tiene que condenar.
Los que nos dedicamos a ‘educar’ estamos en el punto de mira de los demás, pues en muchos casos el método utilizado por los prefesionales no es coincidente con el de los progenitores y, menos aún, con el de los educandos, que se ven afectados por un cúmulo de informaciones que casi nunca están dispuestos a escuchar, sino a oir, con lo que ese matiz conlleva.
Gracias de nuevo, por leer esta breve disquisición y un afectuoso saludo.
Aunque sea largo, creo que merece la pena leerlo y, sobre todo, no cejar en la búsqueda de estas personas, profesores, entrenadores, gente, en general, anónimos la mayoría, pero donde se conserva la riqueza de nuestros fuindamentos para continuar desarrollándolos y trasmitièndolos
¡VA POR ELLOS!